La sombra en el espejo
Este cuento está inspirado en la sensación inquietante que provoca mirarse al espejo a medianoche y preguntarse si lo que ves es solo tu reflejo.
Clara había vivido toda su vida en aquella vieja casa familiar, una construcción antigua de madera que crujía con cada viento. Nunca le había importado demasiado, hasta que esa noche, mientras se preparaba para dormir, notó algo extraño en el baño.
La luz era tenue, como siempre a esa hora, y el espejo parecía más opaco de lo normal. Se acercó para limpiarlo con la manga del pijama, pero al mirar su reflejo, se detuvo. Algo no encajaba. En el reflejo, detrás de ella, había una sombra oscura, alta y amorfa, que no estaba en la habitación real.
Un escalofrío le recorrió la espalda. Parpadeó y volvió a mirar: la sombra permanecía, inmóvil, sin rostro ni forma definida, solo una mancha negra que parecía absorber la luz. Clara retrocedió, pero la sombra avanzó un paso en el espejo, aunque en la habitación ella estaba sola.
Intentó convencerse de que era un juego de luces, una ilusión, pero no pudo evitar sentir que algo la observaba. Apagó la luz del baño y salió corriendo hacia su habitación, cerrando la puerta tras de sí con un clic seco. Sin embargo, cuando se miró en el espejo de cuerpo entero que había en su cuarto, la sombra apareció de nuevo, esta vez con un contorno más definido, casi humano.
Los días siguientes Clara evitó los espejos, cubriéndolos con sábanas o girándolos hacia la pared. Pero la sombra empezó a aparecer en otros lugares: reflejos de ventanas, pantallas apagadas, incluso en el brillo del agua del vaso que dejaba sobre la mesa de noche.
Cada vez que la sombra aparecía, Clara sentía una presión en el pecho, una presencia que la seguía y la envolvía en un frío intenso. Intentó contarle a sus padres, pero ellos solo le decían que eran imaginaciones suyas, fruto del cansancio o el estrés.
Una noche, desesperada, Clara decidió enfrentar a la sombra. Se puso frente al espejo grande y, con voz temblorosa, preguntó:
—¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?
La sombra no respondió, pero su forma comenzó a cambiar lentamente, adoptando el perfil de una mujer con cabello largo y ojos vacíos. Clara sintió que la habitación se hacía más oscura, como si la sombra absorbiera la luz a su alrededor.
Un ruido sordo se escuchó detrás de ella, pero cuando se dio vuelta, no había nadie. Al volver a mirar el espejo, la figura había desaparecido, y por primera vez en días, Clara sintió alivio.
Sin embargo, cuando fue a apagar la luz, vio una mano oscura apoyada en el marco del espejo, a pocos centímetros de su cara, invitándola a quedarse.
Clara gritó y salió corriendo de la habitación. Desde ese día, la casa quedó vacía y nadie quiso volver a entrar. La sombra, al parecer, seguía esperando a alguien que se atreviera a mirarla a los ojos.

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