El espejo del pasillo
Durante años, el espejo del pasillo fue solo eso: un adorno viejo colgado entre cuadros familiares. Marta, una enfermera de 34 años, vivía con su madre enferma en una casa antigua, demasiado grande para solo dos personas. La casa era silenciosa, excepto por los quejidos de la madera y los lamentos nocturnos de su madre.
Una noche, mientras pasaba frente al espejo, Marta notó algo raro. Su reflejo no se movía igual que ella. Imitaba sus gestos… pero con un leve retraso. Lo atribuyó al cansancio.
Al día siguiente, ocurrió de nuevo. Cuando se detuvo, el reflejo parpadeó después. Cuando se rascó la mejilla, su reflejo no lo hizo.
Sintió un escalofrío, pero no le dijo nada a su madre. Solo evitó mirar el espejo el resto del día.
Una semana después, empezó a escuchar pasos en el pasillo por las noches. No era su madre: estaba postrada en cama. Cuando revisaba, no había nadie, pero el espejo a veces tenía huellas de manos desde adentro del vidrio.
Entonces, una madrugada, lo vio.
Ella estaba en la cocina. Pero también en el pasillo. Su reflejo la observaba desde el espejo… aunque ella no estaba frente a él. Era su cuerpo, sí, pero con la cabeza levemente inclinada, los ojos abiertos de par en par, una sonrisa helada en el rostro. La otra Marta.
Corrió a su cuarto, cerró la puerta. Su madre gritaba desde su habitación, delirando, diciendo que alguien la estaba tocando, que Marta no debía entrar.
Esa noche, su madre murió.
Después del funeral, Marta se quedó sola en la casa. No quería venderla. Pero el espejo seguía ahí. Cubrió el cristal con una sábana, pero cada mañana, la tela estaba en el suelo, y el espejo parecía más limpio, más brillante.
Hasta que una noche la vio entrar.
No por la puerta.
Sino por el espejo.
La otra Marta. Caminaba lentamente, sin parpadear, con la cabeza ladeada, arrastrando los pies.
La verdadera Marta trató de correr, pero no pudo. Estaba paralizada. La otra Marta le susurró algo al oído antes de tocarle el pecho:
—Ahora me toca a mí…
Cuando los vecinos llamaron a la policía por el mal olor, encontraron el cuerpo de una mujer en el pasillo. Deshidratada, con expresión de pánico congelada en el rostro. El espejo estaba impecable.
Y desde dentro, alguien muy parecido a Marta aún seguía moviéndose.
Comentario del cuento “El espejo del pasillo”
Tema:
Este cuento explora la dualidad aterradora del “otro yo”, el reflejo que deja de ser nuestro reflejo. Toca el terror ancestral que provocan los espejos como portales, como límites entre mundos o realidades.
Propósito:
Provocar miedo profundo, con una amenaza intangible pero persistente. Lo verdaderamente inquietante no es lo que hace el reflejo, sino lo que insinúa: que puede tomar tu lugar y nadie lo notará.
Estilo narrativo:
Narrado en tercera persona cercana, con progresión lenta y atmósfera claustrofóbica. Usa elementos clásicos del horror gótico (casa antigua, madre enferma, silencio nocturno), pero lo combina con un enfoque moderno y psicológico.
Aspectos que inspiran o provocan reflexión:
El cuento nos hace preguntarnos: ¿qué pasaría si lo que vemos en el espejo no está sincronizado con nosotros? ¿Y si esa “otra versión” estuviera viva, esperando su oportunidad? El texto también toca la soledad como una condición que debilita la percepción de la realidad, dejándonos vulnerables.

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