El pozo del bosque negro
En un pueblo rodeado de árboles espesos, se hablaba de un pozo escondido entre los pinos más antiguos. Nadie recordaba cuándo fue cavado ni por quién. Los ancianos advertían: “Si oyes tu nombre entre los árboles, no respondas.”
Julia, una joven escéptica y amante de las leyendas, decidió ir a buscarlo. Llevó una linterna, agua y una cuerda. El bosque parecía normal… hasta que el silencio se volvió demasiado profundo. Ni pájaros. Ni viento.
Después de horas, lo encontró: un pozo antiguo, cubierto de musgo. Al acercarse, escuchó su nombre. Susurrado. Tres veces.
—Julia… Julia… Julia…
Pensó que era el eco. Se inclinó para mirar dentro. Solo oscuridad. Lanzó una piedra… nunca oyó que tocara fondo.
De pronto, sintió un tirón en la cuerda que llevaba atada a la mochila. Algo… la jalaba hacia el pozo. Cayó al suelo, aferrándose a las raíces. Entre el tirón y el pánico, logró soltar la cuerda.
Corrió hasta salir del bosque. No volvió a hablar del pozo.
Años después, su sobrino desapareció. Lo último que dijo antes de irse fue:
—Soñé con un pozo. Me llamaba por mi nombre…

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