El reflejo equivocado
Ana odiaba los espejos. Desde niña sentía que algo en ellos no estaba bien, como si no devolvieran su imagen tal cual era, sino una versión alterada. Sin embargo, la costumbre la obligaba a convivir con ellos: en el baño, en su cuarto, en los probadores del centro comercial.
Una noche, mientras se preparaba para dormir, sintió una extraña incomodidad. El espejo de su tocador parecía más oscuro de lo habitual. Pensó que era el cansancio y decidió ignorarlo. Al día siguiente, al cepillarse el cabello, notó que su reflejo no se movía exactamente igual que ella. Parpadeó un segundo más tarde, giró la cabeza un poco después. Ana se quedó paralizada.
Decidió hacer una prueba. Levantó la mano izquierda rápidamente. El reflejo hizo lo mismo, pero al bajar el brazo, su reflejo lo mantuvo arriba… y la miró con una leve sonrisa torcida.
Gritó y corrió al baño. Allí, el espejo del lavamanos parecía normal. Respiró hondo. "Estoy perdiendo la cabeza", se dijo.
Pero desde ese momento, empezó a evitar todos los espejos de su casa. Los cubrió con sábanas. Incluso se maquillaba de espaldas, usando solo la cámara de su celular como guía. Su familia pensó que atravesaba un momento raro, pero no la presionaron.
Una noche, no pudo más. Despertó con sed y fue a la cocina. Al encender la luz, se dio cuenta de que el gran espejo del pasillo, el que siempre evitaba, estaba descubierto. Estaba segura de haberlo cubierto.
Se detuvo. Su reflejo también.
Dio un paso hacia atrás. El reflejo dio un paso adelante.
Ana gritó, pero ningún sonido salió de su boca. Al tocarse la garganta, vio que su reflejo sonreía, ahora con los ojos completamente negros. La superficie del espejo empezó a temblar como agua.
Lo último que Ana vio fue una mano que salía del cristal y la sujetaba del cuello.
Desde entonces, su familia asegura que Ana actúa... distinta. No sale de casa. No permite que limpien los espejos. Y, sobre todo, evita reflejarse en ellos.
Este cuento está inspirado en una vieja superstición que dice que los espejos no solo reflejan el cuerpo, sino también el alma… y que pueden retenerla.
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