La niña en la ventana
Cuando Andrés se mudó a la antigua casa de campo de su abuela, pensó que al fin tendría paz para concentrarse en sus estudios de arquitectura. El lugar era grande, silencioso y con una vista perfecta del bosque. Todo parecía ideal… hasta la tercera noche.
Mientras cenaba, vio desde la cocina a una niña parada en la ventana del piso superior. No se movía, solo lo miraba fijamente. Pensó que había sido una ilusión. Pero al subir a revisar, la habitación estaba vacía y todas las puertas cerradas.
Al día siguiente, volvió a verla. Esta vez, más cerca. Llevaba un vestido blanco sucio y tenía el cabello cubriéndole la mitad del rostro. Andrés no tenía familiares con niños. Decidió instalar cámaras de seguridad.
Revisando las grabaciones, notó algo escalofriante: cada noche, a la misma hora, la niña aparecía. A veces detrás de él, otras al pie de la escalera. Pero nunca escuchaba nada.
Investigó en el pueblo. Un anciano le contó que, muchos años atrás, una niña murió en esa casa. Se ahogó en el pozo del bosque, jugando sola. Su cuerpo nunca fue recuperado.
Andrés decidió visitar el pozo. Lo encontró cubierto de hojas y ramas. Al acercarse, escuchó una voz suave: “¿Quieres jugar conmigo?” Cayó hacia atrás del susto.
Esa noche, la niña no apareció en la ventana… sino sentada al borde de su cama. Y le dijo: “Ahora tú me viste. Ya no me voy.”
Andrés huyó. Al día de hoy, nadie ha querido habitar la casa. Pero algunos excursionistas aseguran ver una figura pequeña en la ventana… siempre observando.
Este cuento está inspirado en relatos orales sobre casas rurales abandonadas y la idea de que algunos lugares guardan presencias que solo necesitan ser vistas para despertar.

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